viernes, 26 de febrero de 2016

Aprendiz de Seductor




Sentado en su banquito, alargando los segundos y tratando de robar un sorbo mas de vida; se encuentra aquel viejecillo agonizando como el sol atardeciente.

Con cabello canoso, de algunos 60 años de edad o algunos 84; desgastado por su desenfrenada vida; alto, enjutado, delgado, de ojos azules por su ancianidad, mentón saliente y nariz "aguilada". Selva espesa en su pecho, flácido...aquel mismo pecho que en años atrás aferraba a cualquier bella doncella.

De espalda corva y trasero caído, hundido.

Sus ojos aunque hundidos como castigo de su perversidad, parecen querer salir, y bailan al ver pasar a la más tierna niña colegiala; con sus manos flacas y arrugadas intenta alcanzar las piernas de cualquier mujer que se le acerca y pellizcarlas siquiera; viejo libidinoso, se relame las jetas al verlas pasar frente a él.

Un hombre sin sobriedad, viste de negro.
De día zapatero, de noche mundano, lujurioso; apasionado por lo prohibido, por conocer el paraíso infernal.

Pasos tardíos, perezosos, no son obstáculos para conseguir su placer por unos cuantos billetes.

Con espíritu jovial, se niega a morir aquel viejo Joaquin.

Ricardo Hernandez.-

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